Repaso espaciado: cómo no olvidar el temario que ya has estudiado
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Estudias un tema, lo entiendes, incluso haces un buen test. Dos semanas después, apenas recuerdas la mitad. No es falta de capacidad: es cómo funciona la memoria. Lo que no se repasa se olvida, y se olvida rápido.
Por qué olvidamos
La memoria descarta lo que no usa. Si un dato no vuelve a aparecer, el cerebro lo trata como poco importante y lo deja ir. Cada vez que lo recuperas, en cambio, le das una señal de que merece la pena conservarlo, y la siguiente vez tardarás más en olvidarlo.
Esa es la idea detrás del repaso espaciado: repasar justo cuando empiezas a olvidar, y cada vez dejar pasar un poco más de tiempo.
Cómo organizar los repasos
No hace falta un sistema complicado. Un calendario sencillo funciona muy bien:
- Día 1: estudias el tema y haces un test.
- Día 2 o 3: repasas lo que fallaste.
- Una semana después: test corto del tema entero.
- Dos o tres semanas después: otro test, solo de lo que sigue costando.
- Un mes después: repaso general.
Si en un repaso aciertas casi todo, alarga el siguiente intervalo. Si fallas mucho, acórtalo.
Repasar no es releer
Releer el tema completo es lento y engañoso: todo te suena, así que crees que lo sabes. Un repaso útil es activo. Tápate los apuntes y responde preguntas, explica en voz alta un apartado o escribe de memoria el esquema de un tema.
Lo que cuenta no es cuántas veces has leído un tema, sino cuántas veces has tenido que recordarlo.
Céntrate en tus fallos
No todo el temario necesita el mismo repaso. Las preguntas que aciertas siempre pueden esperar; las que fallas son las que te quitan puntos. Lleva un registro de tus errores y dedica a ellos la mayor parte del tiempo de repaso.
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